Novena de Navidad

Oración de todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro Hijo la mejor prenda de vuestro amor para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En torno a él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro hijo humanado; suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades con que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en su pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.
(Se reza tres veces el Gloria al Padre)

Novena Jornada

Por fin llegaron nuestros ilustres caminantes al final de su camino, al lugar de su esperanza, allí van a cumplirse las profecías, y a realizase los designios del Altísimo. Durante ocho jornadas el mundotes ha negado la posada; en esta, es Dios quién se la ofrece: es una cueva despreciable que se encuentra al pie de la colina; allí hay un buey dejado sin duda por algún caminante, y con su aliento acompañará al jumento a calentar al Niño. José prepara como mejor puede el descanso para su Santa Esposa y se retira a un rincón del portal a orar, sentir alegrías nuca antes sentidas por nadie en el mundo. Aquel pesebre se va a convertir en un cielo en miniatura, en un palacio sublime, en una mansión de dichas y encantos. En el reloj divino suenan las doce de la noche del 24 de diciembre: la Virgen se postra de rodillas coloca sus manos sobre el pecho, levanta al cielo sus hermosos ojos; esta bella, sublime, trans- figurada casi digo divinizada; y con el último golpe de las doce, da a luz a su Niño adorado; se inundan los cielos de una luz refulgente; un perfume divino se extiende por aquel manto de aquella memorable noche: se oscurecen las estrellas porque las apaga la luz que irradia del pesebre; los ángeles cantan en las alturas; los pastores himnos al son de sus guita- rras y tambores; el mundo se despereza y despierta a la luz de la Redención, y el cielo parece dejar de existir arriba, para vivir todo entero en aquella gruta majestuosa, radiante y bella como el sol de la eternidad.

El Niño es un prodigio eterno es un milagro infini- to, es. el Eterno Verbo bajo el ropaje de un recién nacido. Maria lo toma en sus brazos, lo mira, lo vuelve a mirar con infinita ternura, lo aprieta contra su pecho, lo adora; y acercándolo a sus encarnados labios le da todo su corazón, toda su alma y toda su vida en un diluvio de besos y carisias infinitas. Con este beso de la Madre el Niño principia a llorar, y con sus divinas lágrimas parece que dice al mundo: Si hoy te riego con mis primeras lágrimas, mañana te ampararé con mi sangre redentora.page25image41090480

Benditos ojos que han visto Al Niño Jesús nacer,
es María la Mujer
la Madre de Jesucristo.page25image61466560page25image61466944page25image41323696page25image61467520

El niño viene provisto de perdones y dulzuras,

“GLORIA EN LAS ALTURAS”

se repercute en el cielo,
y desciendan hasta el suelo, delicias, paz y ternuras.

(Se reza el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria).

Oración a la Santísima Virgen

(Para todos los días)

Soberana María, que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, mereciste que todo un Dios te escogiera por madre suya, te suplico que tu misma prepares y dispongas mi alma, y la de todos los que en este tiempo hagan esta novena, para el nacimiento espiritual de tu adorado Hijo. ¡Oh dulcísima Madre! Comunícame algo del profundo recogimiento y divina ternura con la que guardaste tu, para que nos hagas menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén.

(Se reza tres veces el Avemaría)

Oración a San José

(Para todos los días)

¡Oh Santísimo José! Esposo de María y padre adoptivo de Jesús. Infinitas gracias doy a Dios porque te escogió para tan altos ministerios y te adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. Te ruego, por el amor que tuviste al Divino Niño, me abrases en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el cielo. Amén.

(Se reza el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria).

Aspiraciones

Dulce Jesús mío mi Niño adorado. Ven a nuestras almas Ven no tardes tanto.

Ven hermoso Niño que mi alma te adora, ven que el mundo llora de temor y espanto; ven que ya las almas quieren tu venida, borra ya la herida
que desangra tanto. Ven…

Ven que ya los hombres van con alegría
donde está María con su Esposo Santo: ven Niño precioso oh lumbre del cielo, oh paz y consuelo de la tierra encanto. Ven…

Desciende del cielo luz de eterna vida que en mi pecho anida un deseo santo; ven que ya mi pecho te guarda un abrigo, ven mi dulce amigo ven no tardes tanto! Ven…

Ven que, yo deseo, bello Jesús Niño, darte mi cariño
cual tesoro santo ya mi alma te busca con ansia infinita y potente grita que enjugues su llanto. Ven..

Los hombres ‘te esperan” con inmenso anhelo, pues quieren consuelo para su quebranto; Niño de mi vida dame ya la calma, ven hasta mi alma que te quiere tanto. Ven…

La tierra te llama, el mundo suspira, el ángel su lira rasga con encanto; la Virgen te aguarda para sonreírte y José cubrirte con su pobre manto. Ven…

Los ángeles quieren cantar tu llegada, la tierra postrada prepara su canto; también los pastores irán a adorarte, para así enjugarte tu gemido y llanto. Ven…

Tiritas de frío, tu llanto es muy triste, ¿por qué así quisiste calmar mi quebranto? oh, yo con mis besos Jesús, Niño mío caliento tu frío
y enjugo tu llanto. Ven…

Ven, pues a mis brazos, ven, pues, a mi pecho, allí está tu lecho
y no llores tánto: perdona mis faltas y dame consuelo
pues quiero en el cielo vivir con tus santos. Ven…

Dulce Jesús mío mi Niño adorado. Ven a nuestras almas Ven no tardes tanto.

Oración al Niño Jesús

(Para todos los días)

Acordados ¡Oh dulcísimo Niño Jesús! Que dijiste a la Venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”. Llenos de confianza en Tí ¡Oh Jesús, que eres la misma verdad! Venimos a exponerte toda nuestra miseria.

Ayudadnos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada. Concédenos, por los méritos de tu encarnación y de tu infancia, la gracia… de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a Tí ¡Oh Niño omnipotente! Seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que en virtud de tu divina promesa, acogerás y despacharas favorablemente nuestra súplica. Amén